Malditos hombres…

Debo recoger mi dignidad y salir corriendo de este mierdero, debo entender de una vez por todas que él es así; es un hombre que tiene un gran ego, el ego más grande que se puedan imaginar, cree que al tener muchas mujeres aparentemente “a sus pies” será la envidia de su grupo de amigos estúpidos, vacíos, narcisistas e idiotas, él cree tanto en las mentiras que dice, que hace que las demás personas también caigamos ahí, en su círculo vicioso, en ese chicle pegajoso del cual no podemos despegar nuestro cuerpo, y peor aún nuestra alma, no solamente estoy yo ahí, hay tantas mujeres que ya perdí la cuenta…

Pero esa era yo, su felizmente engañada “novia”, creía que era el hombre perfecto, pensé que me llegaría a querer tal como en los cuentos de hadas, tal como en las novelas y películas que nos muestra la tv, pensé que me miraría como si yo fuera la luna que ilumina su camino cuando está en la oscuridad, anhelé que cada día al despertar acostada en su pecho, al verme sonreiría y me desearía un buen día, me diría que me amaba, que yo era lo mejor que había en su vida, que estaría junto a mí, y solo junto a mí por siempre, pero no es así, ya dejémonos de ideas absurdas, pues esto solo le pasa a un pequeño porcentaje de la población.

No todos seremos tan afortunados como ellos, al contrario, creo que estuve al lado del peor de los peores hombres que te pueden tocar, caes tan derretida en sus brazos fuertes y fornidos que te abrazan con fuerza, caes en su mirada color marrón, en sus largas pestañas, en su hipócrita sonrisa, caes en esa boca que te susurra que todo esta bien, que eres “lo mejor de su vida”, esa maldita frase que dice como si fuera nada, esa frase que es capaz de regalarla como si fuera un dulce, te ciega tanto que te pone a viajar entre nubes, arcoíris y corazones, tristemente no te das cuenta que es un dulce venenoso y mortal, o quizá te das cuenta cuando es demasiado tarde…

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